Reflexión del día

Martes  

IX semana del T.O

Mateo 5,43-48

Mis queridos hermanos en el Evangelio de hoy, hay una serie de preguntas que nos podemos hacer ¿cómo podemos amar a nuestros enemigos? ¿Cómo se puede amar a aquellos que toman la decisión de bombardear y asesinar a tantas personas? ¿Cómo se puede amar a aquellos que por amor al dinero no dejan que las medicinas lleguen a los ancianos y los dejan morir? ¿O a aquellos que sólo buscan el propio interés, el propio poder y hacen tanto mal?

Amar al enemigo parece una cosa difícil, pero Jesús nos lo pide. La liturgia de estos días, nos propone justamente esta actualización de las leyes que hace Jesús, desde la ley del Monte Sinaí a la Ley del Monte de las Bienaventuranzas.

Todos nosotros tenemos enemigos, pero en el fondo nosotros mismos podemos convertirnos en enemigos de los otros.

Tantas veces también nosotros nos convertimos en enemigos de otros, no los queremos. Y Jesús nos dice que debemos amar a los enemigos. Y esto no es fácil. No es fácil...

Mis queridos hermanos pensamos que Jesús ¡nos pide demasiado! Dejamos esto para las monjas de clausura, que son santas; dejamos esto para alguna alma santa, pero en la vida común esto no se puede. Y esto ¡tiene que poderse!

Jesús dice: "No, ¡debemos hacer esto! Porque de lo contrario ustedes son como los publicanos, como los paganos. No son cristianos".

Cómo amar a nuestros enemigos.

Jesús dice que debemos hacer dos cosas:

  1. Mirar al Padre que hace salir el sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. Dios tiene amor para todos.
  2. Ser perfectos como es perfecto el Padre Celestial, imitar al Padre con aquella perfección del amor. Jesús, agregó, perdona a sus enemigos, hace de todo para perdonarlos. Vengarse, en cambio, no es cristiano.

Otra forma de amar a nuestros enemigos.

Rezando. Cuando uno reza por aquél que nos hace sufrir es como que el Señor viene con el aceite y prepara nuestros corazones a la paz

Rezar, es lo que nos aconseja Jesús: "Recen por sus enemigos. Recen por aquellos que los persiguen... Recen".

Y luego decirle a Dios: "Cámbiale el corazón. Tiene un corazón de piedra, pero cámbialo, dale un corazón de carne, que sienta y que ame".

Les dejo sólo esta pregunta y cada uno responda en su corazón: ¿Rezo por mis enemigos? ¿Rezo por aquellos que no me quieren? Si decimos: Si, yo diré: "Adelante, reza cada vez más, aquel es un buen camino" Si la respuesta es: no, el Señor dice: "Pobrecito, También tú eres enemigo de los otros".

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