Reflexión del día

VII semana

de Pascua

viernes

Juan 21,15-19

Mis queridos hermanos el Evangelio de hoy, Jesús hace una pregunta que nos cuestiona a todos.

"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?"

Esta es la pregunta que me hago a mí, y la que se deben hacer los obispos y a los sacerdotes. Cómo va el amor de hoy, el de Jesús, ¿Es como el primero? ¿Estoy enamorado como el primer día? ¿O el trabajo, las preocupaciones un poco me hacen mirar otras cosas, y olvidar un poco el amor?

Jamás olvidar el primer amor. Jamás. Mis hermanos hay que tener varios aspectos presentes en la relación de diálogo de un sacerdote con Jesús:

  1. Antes de querer convertirse en un intelectual de la filosofía, de la teología o de la patrología debe ser un pastor, tal como Jesús le pidió a Pedro cuando le dijo: "Apacienta mis ovejas".
  2. La segunda es ésta: "¿Soy pastor, o soy un empleado de esta ONG que se llama Iglesia?". Hay una diferencia. ¿Soy pastor? Una pregunta que yo debo hacerme, que los obispos se deben hacer, y también los sacerdotes: todos. Apacienta. Pastorea. Ve adelante.
  3. No hay gloria ni majestad para el pastor consagrado a Jesús. No, hermano. Terminará del modo más común, incluso más humillante, tantas veces, en un lecho, que te dan de comer, que te deben vestir… Pero inútil, allí, enfermo…. El destino es terminar como terminó Él, amor que muere como la semilla de grano y después vendrá el fruto. Pero yo no lo veré.
  4. 4. Sígueme: Si nosotros hemos perdido la orientación o no sabemos cómo responder sobre el amor, no sabemos cómo responder sobre este ser pastores, no sabemos cómo responder o no tenemos la certeza de que el Señor no nos dejará solos, incluso en los momentos peores de la vida, en la enfermedad, Él dice: "Sígueme".
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