Reflexión del día

Lunes

IV semana

De Cuaresma

Juan 4, 43-54

Mis queridos hermanos en el Evangelio de hoy, nos presenta otro signo milagroso de Jesús, un funcionario fija su esperanza en Jesús de que ÉL cuadraría a su hijo. 

Hermanos, Jesús nos quiere devolver la salud, como al hijo del funcionario real, y quiere liberarnos de toda esclavitud y tristeza perdonándonos todas nuestras faltas. 

La clave para esto es la fe, si queremos que de verdad nos cure, debemos acercarnos confiadamente para que nos llene de su gracia. 

Por lo tanto, cada vez que nos disponemos a recibirle en la Eucaristía le decimos una breve oración que nos hace más humildes, “Señor, no soy digno que entres a mi casa, pero sé que basta una palabra tuya para sanarme”.
La vida diaria nos presenta un reto muy grande que consiste en vivir desde la fe, en creer plenamente en Cristo. El Evangelio nos ofrece una clave preciosa para dirigir nuestras acciones cotidianas, para convertirnos en apóstoles verdaderos de Cristo y obtener la vida. 

“Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino”. La palabra de Cristo se convierte en transformativa cuando el hombre la acepta, se convierte, se pone en camino y así puede llegar a la vida. Vida que no sólo es física, sino vida espiritual y eterna. 

La fuerza de Dios se manifiesta en Cristo que es la Palabra. Una Palabra en la que la vida, acciones y pensamientos están perfectamente unidos. Por ello Cristo es la Persona más coherente y eso le da credibilidad. Los cristianos, como apóstoles y seguidores de Cristo, estamos llamados a ser testimonios coherentes de vida. Por ello no se puede separar la fe de la vida y, en consecuencia, las acciones del apóstol de Cristo siguen la moral cristiana. 

Por ello los mayores apóstoles de todos los tiempos han sido, no los hombres buenos, sino los hombres santos. Aquellos que hablaban “de Cristo” pero porque habían hablado primero “con Cristo”. Aquellos que habían hecho primero un encuentro profundo con la Palabra que cambió radicalmente su vida.
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